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Barbo: Matagigantes (2010), Autoproducido

Barbo no es sólamente es nombre de un pez. Desde hace poco se denomina también al proyecto de Juan y Juanjo, dos supervivientes que han plantado cara al desánimo y se han liado la manta a la cabeza autorproduciéndose este disco, Matagigantes, con el que pretenden, además de resurgir de sus cenizas, y a bases de Saltos de Fe, intentar hacerse un huequín en este globalizado mundo de la música. Parten de bases programadas, y tienen algo que ver con el sonido electrónico, pero su música no es electrónica, más bien bebe de las fuentes más sagradas del Indie (Pixies, Radiohead, Flaming Lips) o the otras nuevas bandas (Strokes, The Killers, Interpol…) Un disco que, pese a ser de debut, rebosa madurez y buen hacer por todos sus poros, encasillando a casi todas sus composiciones en un canos de poco más de tres minutos, a la mejor manera de hacer Pop de toda la vida.

Barbo – Matagigantes (2010)

“La marca Barbo es todavía a día de hoy una novedad para la mayor parte de los que puedan leer este escrito, pero no es este para ellos ni mucho menos el primer proyecto musical en el que se embarcan. Ellos provienen y renacen de las cenizas de una banda que antaño agonizó hasta la disolución o, mejor dicho, agonizó hasta dar forma precisamente a Barbo, esto es, los restos del naufragio. Ellos son un dúo, Juan y Juanjo, que se resistió a creer que su vocación musical debía morir con su proyecto anterior. Hemos de decirlo, de la tenacidad y ambición de una pareja que sobrevive al desfallecimiento de una banda y decide reedificar desde cero un nuevo sueño, solamente puede nacer algo hecho con el corazón. Este es sin duda el caso de esta banda: nuevo nombre, nuevo disco, nuevo sueño. Para darnos cuenta de que Barbo no es un grupo amateur no es necesario en absoluto que recurramos a su biografía, sino que eso es algo que salta a la vista tan pronto como nos echamos los auriculares a los oídos. ¿Por qué? Porque “Matagigantes” es un disco plenamente coherente de la primera a la última canción. Porque “Matagigantes” es un disco en el que las canciones se empacan y contienen en cápsulas de tres minutos a las que no les falta ni sobra nada. Porque “Matagigantes” es un disco en el que no parece haber divergencia alguna entre la intención y la realidad. Y finalmente porque “Matagigantes” es un disco autoproducido a un nivel que no sería propio de una banda que acaba de empezar. Es evidente, a mi modo de ver, que lo que buscaba este grupo con este repertorio era crear temas que, en virtud de su brevedad e intensidad, fueran directos y fácilmente digeribles. Esta intención queda patente nada más empieza el disco con “Segmento alpha”, una canción que arranca con un ritmo trepidante y una voz reverberada que nos grita y agita como si estuviéramos en los albores de alguna revuelta estudiantil. Hablamos de canciones pop, ya lo hemos dicho, cuyas melodías se desgranan a través de una voz viva, casi urgente y de registro tenor que en castellano nos canta letras que a menudo hablan con cierta rabia de la soledad, el rechazo al mundo y la consecuente y activa necesidad de huida. Por debajo casi siempre nos las vemos con ritmos disco que son prácticamente lo único, junto con la fuerte presencia de la voz y junto con una producción más bien clara, limpia y poco o nada garage, lo único, decíamos, que nos impide catalogarlos como un grupo de rock alternativo de los 90. Y es que más allá de ese toque electrónico que la batería y su sonoridad le dan al disco, es inevitable reconocer que la base de sus canciones son esas guitarras arpegiadas, quebradas y melódicas propias del noise pop de ese antecedente del indie noventero como son los Pixies. Creo que no me equivoco si digo que es prácticamente imposible escuchar a Barbo y no pensar aunque sólo sea por un momento en el célebre y mitiquísimo arpegio de guitarra del “Where is my mind”. No nos consta, al menos por el momento, que “Matagigantes” tenga algo así como un single. Pero si hemos de escoger alguno sin duda señalaríamos el que es, seguramente no por casualidad, el tercer corte del disco, “Curas de naranja”, una canción cuyo valor melódico reside no solamente en su estribillo sino también en sus estrofas y coros, con el añadido de que al valor melódico hemos sumarle el valor emocional generado por el ligeramente tardío encaje de las notas de acompañamiento instrumental con una voz sostenida en alto que nos habla de alas de playa en el final del estribillo. El segundo single sería según dicta mi gusto el tema “El día es nuestro”, otra canción melódica y emocionalmente destacable sobre todo en lo que a su estribillo se refiere. Pero más allá de las asperezas que pueden ir puliendo, Barbo cuenta, además de con un par de hits, con un repertorio digno cuya intensidad e inmediatez puede acabar, por qué no, matando o por lo menos desbancando a algún que otro gigante dormido” (MySpace)

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4 mayo, 2010 Posted by | Barbo | Deja un comentario

   

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