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Homeless: La ciencia lo sabe (Discosdelrollo, 2015)

“En “La ciencia lo sabe” no hay pistas que saltar. Nueve canciones conforman el breve pero intenso Lp; nueve temas de los que se podrían extraer nueve singles. Pero esto no es fruto de una virtuosidad divina o una azarosa conjunción de los astros sino que es el producto de haber realizado una cuidada selección de canciones para este primer (y mejor, claro que sí) disco largo de Homeless.
Para ello tenían buenos mimbres. La banda liderada por Diego Pozo hizo de sus primeras demos -“Teoría de la conspiración” (2006), “Defendiendo el flanco débil” (2007) y “La mala suerte” (2008)- una declaración de intenciones que les sirvió para ser nombrados mejor grupo Indie-Rock en los premios Pop Eye 2008. Las letras en castellano y las letras en inglés estaban aún a 50/50, pero la constante estaba en las guitarras ruidosas y los ambientes de pop oscuro.
Vuelven en 2013 presentando el EP “Sinestesia”, trabajo para el que exploran el mundo de los sintetizadores pero siempre tomando estos una posición secundaria, seguirán liderando las guitarras y la voz aparece con un poco más de relevancia.
Con el 2015 llega “La ciencia lo sabe” y aquí ponen en práctica todo lo aprendido en estos años. Ahora saben qué funciona y qué no, así que preparan toda la artillería pesada con lo mejor del repertorio pasado y presente y la meten en el estudio Grabaciones Sumergidas para cohesionarla y darle forma de LP.
Desgarran las distorsiones fuzz y overdrive y los estribillos para corear de “Y hasta fuimos campeones”, “Cuando éramos punk rockers”  y “John and Yoko”. Riff de guitarra y batería se fusionan en “Omaha”, donde sorprende un estribillo que evoca a las grandes bandas de la música americana de los 60 y un final plagado de acoples. Un hit redondo es “Como las sombras”, el chorus se esparce por la sala y la batería se debate entre lo orgánico y lo electrónico, sube un tono en sus compases finales y también parecen levantarse nuestras vísceras para que no se pierda la armonía.
Para saltar de la silla “Ni en un millón de años”, “Betablocker” y “El coloso en llamas”. Los sintetizadores ganan vigor y los estribillos se vuelven contagiosos. Cierra “Mejor me matas”,el tiempo más contenido del disco y que sorprendentemente les sienta bien. Es fácil dejarse llevar hasta el espacio exterior por el compás del bajo y las atmósferas envolventes de los teclados. Suena la última nota y explota la burbuja.
Sí, hemos estado más de 30 minutos oyendo el primer disco de una banda en tiempos dónde, con un solo click, podríamos habernos puesto a oír los hits de las bandas que ya conocemos y a los que siempre acudimos. Pero hay un placer superior al de la promiscuidad de saltar de canción a canción, un placer que casi tenemos olvidados hoy en día, el de descubrir un disco” (Prensa)

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13 julio, 2015 - Posted by | Homeless

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