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Cucharada: Quiero bailar Rock and Roll (1980)

 

Cucharada había sido una banda adelantada a su tiempo, ya que en unos principios pretendieron aunar en sus espectáculos teatro y música. Colaboraron con ellos gentes como Hilario Camacho, Miguel Botafogo o Moncho Alpuente. Formados alrededor del germen Manolo Tena, Antonio Molina, José Manuel Díaz y Jesús Vidal, pretendieron ser algo así como la encarnación hispana de Led Zeppelin bajo el tamiz de Frank Zappa. Encuadrados cronológicamente sin embargo en el movimiento del Rock-Progresivo, firmaron con Chapa Discos, el sello del Mariscal Romero, y llegaron a editar un único Lp: El limpiabotas que quería ser torero (1979). Problemas de promoción, y personalmente opino que problemas a la hora de entender el concepto del grupo, que pasaba de la representación escénica a la actuación rockista ataviados con la estética del harapo, además de ser un cierto testimonio de la marginalidad social, hicieron que en 1980 Cucharada editase su último single, este Quiero bailar Rock and Roll (1980), que les orientó hacia una cierta estética más nuevaolera/rockista, acompañados de una producción mucho más amanerada (obra del inefable Teddy Bauista), incluyendo una cierta orientación discotequera. Lo cierto es que se trata de un buen tema, en cualquier caso, bien construido y que podría haberles incluido en las listas de éxitos o ventas del momento, cosa que no ocurrió. Posteriormente, Tena formaría con miembros de Cucharada su nueva banda, Alarma!! Ésa es otra historia. La próxima semana postearemos su único álbum, pero este fin de semana en el Retro-Visor le prestamos atención a su último single.

Cucharada – Quiero bailar Rock and Roll (1980)

“El último viaje supersónico de Cucharada puede esencializarse como un coloque extraño; Teddy Bautista inyectó ritmos y programaciones disco a los rocambolescos cortes del grupo. Este guiño a la nueva ola de modernidad que pronto inundaría las sintonías españolas (después llamado plasticazo o Movida Madrileña) dejaría contrariados a los seguidores del grupo que no asimilaron bien este viraje, y otros pormenores ciertamente ridículos les enfrentarían con la SER a la hora de radiar sus nuevas propuestas (aunque esto no era para nada novedoso, la SER tenía por entonces votos de clausura incomprensibles).
Empieza a sonar “Quiero bailar rock ‘n’ roll” (
Tena), tema muy consistente y que deja sin respiración. Éste se desarrolla sobre una base de rock trepidante aderezada por sintetizadores y programaciones con toques setenteros. Guitarra, tambores y contrabajo suceden su protagonismo en los arreglos a medida que la letra apunta su necesidad en cualquier música rock. Lo que trajo cola y disgustó a los todopoderosos radiooperadores fueron las siguientes líneas: “…no quiero hablar de arte, ni de otros temas importantes, no me preocupa la cultura, ni tampoco la literatura, no me interesa la pintura ni mucho menos la escultura…”; visto desde hoy la cosa hace enrojecer a cualquiera y denosta las escasas luces de los programadores musicales. Y es que en realidad lo único que se apuntaba aquí era a que la verdadera cultura en marcha de entonces la desgranaban las composiciones de valerosos y creativos grupos como éste, y que por otro lado la recepción cultural de tiempos precedentes carecía de veracidad y continuaba estando politizada y falseada según intereses y coyunturas.
Respecto al último tema de Cucharada “La cajita de música” (A. Molina – J.M. Díez) es una composición instrumental con un ritmo naïf basado en armónica y punteo de guitarra, con cierto influjo nuevaolero en los teclados y la preponderacia del bajo.
Y estos es todo amigos, con su habitual mal sino se desintegraron los Cucharada. Tras de sí dejaron cortes de respiración, bufonadas con una valiente y acertadísima crítica político-social (aún danzantes en nuestro nebuloso horizonte) y unos directos que con tétricos medios y un derroche de creatividad contagioso dejarían temblando a muchos de los grupitos de la actualidad. Siempre del lado de los marginados, siempre llegando hasta el final de la utopía merecieron más apoyo y confianza pero la autenticidad nunca llueve a gusto de la mayoría. Lo importante es que este náufrago grupo ha hecho vibrar a uno nacido en el 83 prestándole “sin recargo”: ácida visión de la sociedad, mucho sentido del humor y del ridículo y sobretodo un enloquecido rock urbano.
¡Viva pues, Hermanos, el Rollo con Lengua de Cucharada!”
(Nacho Lillo, La Fonoteca.net)

21 agosto, 2010 Posted by | Cucharada | 5 comentarios

   

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